Cómo moverse por Nueva York

Este fragmento de Manhattan muestra con detalle la distribución en cuadrícula de la ciudad de Nueva York (Imagen: Google Maps)

Bien, ya estás en Nueva York. ¿Y ahora qué? Lo primero es orientarte. Y estás de suerte: el centro de la ciudad está planeado como una cuadrícula de calles y avenidas. Eso quiere decir que si sabes contar no te perderás.

Las avenidas: Son las amplias calles que se distribuyen de norte a sur, y la mayoría están numeradas: la Primera Avenida está al este, y la Décima Avenida está en el extremo oeste. la Quinta Avenida están obviamente, en el centro, y divide la ciudad en la parte este (East Side) y la parte oeste (West Side). De todas maneras, hay algunas avenidas que escapan a esta ordenación matemática, así que lo mejor es fijarse en esta lista de las avenidas, de este a oeste:

•    East End
•    York
•    Primera Avenida (1st)
•    Segunda Avenida (2nd)
•    Tercera Avenida (3rd)
•    Lexington
•    Park
•    Madison
•    Quinta Avenida (5th)
•    Sexta Avenida (6th), también conocida como Avenida de las Américas
•    Séptima Avenida (7th)
•    Octava Avenida (8th), también conocida como Central Park West
•    Novena Avenida (9th), también conocida como Columbus Avenue
•    Décima Avenida (10th), también conocida como Amsterdam Avenue
•    West End Avenue
•    Riverside Drive

Las calles: Van cortando a las avenidas de este a oeste, y se numeran de sur a norte. Así, la Calle Octava (8th Street) está en el sur (downtown), la Calle 35 (35th Street) está en el centro (midtown), y la Calle 94 (94th Street) está en el norte (uptown).

Broadway: Es una amplia calle que recorre la ciudad en diagonal, desde el sureste (Lower East Side) al noroeste (Upper West Side). En los puntos en los que Broadway se cruza con una avenida hay plazas como Times Square (en la intersección de Broadway y la Calle 42, o en lenguaje neoyorquino, “en Broadway con la 42”) o Herald Square (en Broadway con la 34).

Una vez que tengas en mente esta estructura, moverte por las calles de Manhattan y el resto de los barrios será sencillo. Casi todas las calles de la ciudad tienen aceras amplias y cómodas, así que caminar será la mejor manera de ver Nueva York en todo su esplendor.Los neoyorquinos están muy acostumbrados a cruzar la calle sin preocuparse demasiado por el tráfico, ni (por extensión) por su propia seguridad. Practicar el jaywalking (cruzar fuera de los pasos de peatones) puede ser un deporte urbano muy peligroso, así que cada quien debe ver si está dotado para semejantes aventuras. En todo caso, si uno quiere respetar las señales y los lugares para cruzar las calles, hay que recordar dejar sitio libre para que los demás arriesguen su pellejo sin cortapisas. También hay que tener en cuenta que los lugareños consideran una práctica detestable caminar en grupo por las calles sin dejar sitio para que los más apresurados puedan adelantar. Ten presente que más de un neoyorquino con prisas (o sea, el 99% de la población de la ciudad) podría recordar vivamente a tus antepasados si tiene que aminorar el paso por tu culpa.

De todos modos, habrá momentos en los que no quieras caminar las enormes distancias que separan unos puntos interesantes de otros. En esos momentos de debilidad, lo mejor será recurrir a los distintos medios de transporte con los que moverte por la ciudad.

Metro: Pese a su reputación de suciedad e inseguridad, el metro de Nueva York es la manera más eficaz de recorrer la ciudad. El cine transmitió en los año 70 y 80 una mala imagen del metro neoyorquino, con continuos atracos y otros actos violentos, pero en la actualidad las estaciones y los vagones son tan seguras como cualquier calle principal de la ciudad: sólo deben ser evitadas a altas horas de la noche si no se tiene compañía y se llevan a la vista cosas de valor.
El metro funciona las 24 horas del día durante todo el año. Sin embargo, por las noches o los fines de semana algunas líneas no funcionan y hay estaciones que cierran. También hay cierres programados para mantenimiento, que son convenientemente avisados en las propias estaciones. Todas las estaciones cuentan con empleados de atención al público que te informarán gustosamente si estás perdido. Hay estaciones bien cuidadas y otras que no lo están tanto, pero hay una constante en toda la red: la temperatura en cualquiera de ellas supera en 15 grados a la del exterior, y en verano puede ser asfixiante. En cambio, los vagones tienen aire acondicionado.
La tarifa no conlleva complicaciones: debe comprarse una tarjeta MetroCard, que da acceso al sistema de metro. Hasta que no pases por el torniquete de salida o transbordo, podrás viajar todas las veces que quieras y a donde quieras. Ten cuidado al meter la tarjeta en la ranura del torniquete, pues no es muy difícil meterla al revés y atascar la máquina. Si te quedas atrapado en el acceso, avisa a un empleado, son expertos en atender a turistas con problemas de tarjetas. En el metro de Nueva York hasta tres niños que midan menos de 1’10 pueden viajar gratis si van acompañados de un adulto.

La MetroCard, pese a su nombre, no sirve sólo para el metro, sino también para el autobús. Puede comprarse en las cabinas de la estación, en máquinas expendedoras especiales (que piden el PIN de la tarjeta de crédito) y también en muchas tiendas, que tendrán un letrero informativo al respecto. Hay MetroCards de varios tipos:
– MetroCard de un solo uso: cuesta 2’50 dólares, no permite transbordos y caduca a las dos horas. Albricias, tacaños: con muchas vueltas, es posible recorrer prácticamente toda la red del metro neoyorquino en un único transbordo.
– Pay-per-ride MetroCard: tarjeta recargable, con un mínimo de 4’50 dólares. Cada uso va restando 2’25 dólares, ya que paga una tarifa reducida. Si se recarga con más de 10 dólares, el pago tiene una rebaja del 7%. Cada uso permite un transbordo gratuito. Tal vez es la mejor opción en un viaje corto a la ciudad.
– MetroCard de tarifa plana: De una semana (29 dólares) o de un mes (104 dólares). Ojo, tramposos: una MetroCard de tarifa plana que se use en una estación no podrá volver a usarse en la misma estación hasta pasados 18 minutos, para evitar que la usen varias personas.
El metro PATH (Port Authority Trans-Hudson), que opera entre Nueva York y Nueva Jersey, no pertenece a la Autoridad Metropolitana de Transporte y por lo tanto tiene una tarifa aparte y no acepta la MetroCard.

Moverse en el metro de cualquier gran ciudad es terrorífico el primer día, y va siendo más lógico según lo vamos usando. Para el metro de Nueva York hay que tener en cuenta que el sistema de colores no es de gran ayuda fuera del centro de Manhattan. Es mejor orientarse por las letras o números que tiene cada línea, aunque no formen parte de una lógica común. Lo mejor es tener siempre a mano un mapa que nos oriente, y que se puede conseguir de modo gratuito en cualquier estación. Un par de detalles: las líneas exprés no paran en todas las estaciones, y los shuttles son líneas circulares. Los carteles de las entradas de las estaciones tienen normalmente, además del nombre de la estación, la dirección a la que lleva esa puerta (por ejemplo, “Downtown and Brooklyn” o “Uptown and The Bronx”). Si no hay esa información, la puerta lleva a varias direcciones, por lo que habrá que buscar indicaciones en los pasillos o en las escaleras.

Autobús: Incluso en Manhattan, con su densa red de metro, los autobuses pueden ser la mejor manera de recorrer la ciudad transversalmente (es decir, de este a oeste o viceversa). El viaje puede ser más lento que usando el metro, pero las vistas son mejores si no hay prisa y evitamos las horas punta de tráfico. Hay autobuses locales, con muchas paradas, y autobuses exprés, que hacen viajes más largos con pocas paradas a zonas sin metro, como el Este de Queens, el Este del Bronx, el Suroeste de Brooklyn y Staten Island. Estos últimos son más caros y normalmente más amplios y cómodos. Hay autobuses locales denominados “Limited”, que sólo se detienen en las paradas principales como los exprés, pero a precio de local.
Las líneas de autobuses se identifican por letras seguidas de números. Las letras indican el distrito principal de la línea (M = Manhattan; Bx = Bronx, B = Brooklyn, Q = Queens, S = Staten Island). Un viaje en un autobús local cuesta 2’25 dólares, y en un autobús exprés son 5’50 dólares. El billete puede pagarse con monedas, pero no con billetes. Los autobuses también aceptan la MetroCard. Esta debe introducirse en la ranura de una manera diferente a la del metro, así que ten cuidado al entrar. Ojo, hay una red de autobuses (la +Select Bus Service+ o +SBS+) que no admite MetroCard.

Ferry: El ferry de Staten Island va de Battery Park, en el sur de Manhattan, a Staten Island. El barco sólo lleva pasajeros a pie y bicicletas, sale cada 15 minutos en las horas punta y con mayores esperas el resto del día. Es gratuito, así que no te dejes engañar por timadores que tratan de vender billetes en el muelle. Además de ser un buen medio de transporte, el ferry ofrece unas vistas impresionantes de la Estatua de la Libertad y del puerto de Nueva York, así que vale la pena embarcar aunque no se vaya a Staten Island. Cientos de turistas hacen el viaje de ida y vuelta sólo para disfrutar de la travesía, por lo que el barco puede ir lleno de ida y no permitir más pasajeros a la vuelta. Como este hecho es habitual a ciertas horas y la movilidad a bordo será limitada, si quieres buena vista ponte a estribor si sales de Manhattan y a babor si sales de Staten Island. La partida de Manhattan pasa un poco más cerca de la Estatua de la Libertad. Si quieres las mejores vistas o hacer fotografías, sube a bordo pronto y busca una ventana que se pueda abrir; hay pocas y se ocupan enseguida.

Además de este ferry existen taxis acuáticos que te llevarán de distintos puntos de Manhattan a Brooklyn y Nueva Jersey. Están pintados de amarillo, y a diferencia del ferry no son gratuitos. Pregunta las tarifas antes de embarcar, ya que varían bastante.

Tren de cercanías: Los trenes de cercanías se utilizan sobre todo para viajar entre Manhattan y los demás barrios. Muchos puntos interesantes están más cerca de las paradas del tren de cercanías que de las estaciones de metro, así que es un medio de transporte que hay que tener en cuenta. Esta red de trenes no acepta la MetroCard, y el billete se puede pagar en la estación o dentro del tren. Es recomendable conseguirlo en la estación, ya que hay un recargo por comprarlo en el propio tren que a veces puede ser muy alto.no es aceptado en tren de cercanías. entradas separadas o período debe ser comprado. Al comprar los boletos de ferrocarril de cercanías, es ventajoso para la compra en línea o en estaciones de ferrocarril, antes de abordar. Mientras que los boletos están a la venta en los trenes, hay un recargo de a bordo que los hace mucho más caros.

El ferrocarril de Long Island, conocido como LIRR, es la manera más rápida para ir del aeropuerto JFK a Manhattan, Brooklyn o Queens, y también lleva puntos muy populares sin metro, como Long Island, Long Beach, Port Jefferson o Montauk. El LIRR tiene una merecida reputación de retrasos, pero eso es más cierto en las partes más alejadas del centro.

El ferrocarril Metro-North lleva al norte de la ciudad, en especial al Bronx y a Harlem, donde el metro casi no tiene líneas. Es la mejor manera de llegar a Arthur Avenue y a los Jardines Botánicos de Nueva York, así como al condado de Westchester, a Poughkeepsie y a New Haven.

Coche: Alquilar un coche para moverse por Nueva York es tal vez la peor idea en cuestión de medios de transporte. Desde luego, no se parecerá en nada a la idea de largos viajes por las amplias autopistas idealizadas en el cine. No es que conducir y aparcar en la ciudad (especialmente en Manhattan) sea imposible, pero se acerca bastante. Hacerse un coche puede resultar cómodo para moverse por los territorios cercanos a la ciudad y el resto del estado de Nueva York, pero circular por el centro (y el centro es un concepto muy, muy amplio si hablamos de esta ciudad) es una verdadera complicación. El tráfico es siempre denso y cercano al atasco permanente, especialmente en el Midtown y en las horas punta, que son varias a lo largo del día. Y además, los conductores neoyorquinos, tanto particulares como de transporte público, no son famosos precisamente por su paciencia y comprensión al volante. No es casualidad que pocos neoyorquinos (y casi ningún habitante de Manhattan) tenga coche. Si estos consejos no te hacen cambiar de opinión y finalmente alquilas un coche para adentrarte en la ciudad, puedes visitar nuestra sección de alquiler de vehículos.

Uno de los habituales atascos que tienen lugar casi todos los días en las calles neoyorquinas (Foto: Plant Design, flickr)

Estacionar es una tarea titánica en los alrededores de cualquier punto turístico. Será mejor que consultes en la misma empresa de alquileres la localización de un garaje para usar durante toda la estancia. Por lo menos el problema de aparcamiento estará solucionado, aunque los precios también suelen ser desorbitados desde la perspectiva española. Y otra advertencia: la enorme mayoría de hoteles de Nueva York no ofrecen servicio de aparcamiento. Un buen ayudante para moverse en coche por Nueva York es el mapa de autobuses, que incluye las calle principales y se puede conseguir gratis en numerosos puntos de la cuidad. Los mapas del metro sueles ser de ayuda también.

Taxi: Los problemas del tráfico rodado en la ciudad no se evitarán cogiendo un taxi, pero quizás en horario nocturno u otros momentos determinados sea la mejor opción para ir a ciertos lugares. Los clásicos taxis amarillos neoyorquinos son una imagen emblemática y pueden ser una buena opción. He aquí alguna información útil sobre este medio de transporte:

  • Existen muchas empresas de taxi en Nueva York, pero para evitar problemas es mejor elegir los que están regulados por la Comisión de Taxis y Limusinas, un ente que unifica servicios para beneficio del usuario. Por ejemplo, sus normas obligan a dar una información precisa sobre las tarifas y las rutas: muchos de ellos cuentan con pantallas en las que un GPS te informa de la ruta tomada, y la mayoría permite pagar con tarjeta.
  • Los taxis que no están adheridos a la Comisión no son amarillos sino negros, y son más abundantes fuera de Manhattan. Deberás acordar el precio con el taxista antes de que este baje el banderín. Recuerda que los peajes deben ser abonados por el pasajero, pero el taxista tendrá que informarte de su existencia antes de la carrera.
  • No olvides pedir el comprobante de pago, por si surgieran problemas. En él aparece identificado el coche y el conductor, en caso de una posible reclamación a la Comisión de Taxis.
    Buena parte de los taxis de Nueva York están conducidos por inmigrantes recientes, que tal vez no tengan demasiado dominio del inglés. Asegúrate de hacerte entender para evitar complicaciones.
  • Los taxistas esperan una propina por su servicio, que suele ser de un 10% o 15% de la tarifa. Sobre esta cuestión, remitimos al apartado propinas de este blog.